Pingyao: un salto al pasado

¿Cómo llegar?

Hay varios trenes desde Pekín, nosotros cogimos uno a las 10:38h que tardaba 3h30 minutos de Beijing Fengtai a Pingyao Gucheng. Precio: 33 euros cada uno. Este tren lo reservamos con antelación porque este horario era el que más nos convenía y no queríamos arriesgarnos a quedarnos sin plaza.

La estación está un poco alejada del casco histórico. En nuestro hotel nos ofrecieron organizar la recogida y lo aconsejamos porque la estación está alejada de la ciudad amurallada y ahí dentro no están autorizados los vehículos a motor. Entonces nos recogió un taxi hasta la ciudad amurallada y ahí nos cambiamos a un buggy.

¿Qué hacer en Pingyao?

Es una de las ciudades históricas más antiguas de China. A medio camino entre Pekín y Xi’an, Pingyao fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco por su muralla, totalmente conservada.

Ir a Pingyao es transportante a un cuento, todos los edificios son de estilo antiguo súper bonito, todo decorado muy mono, muy pequeñito y agradable para pasear pero, dependiendo de la hora, muy muy turístico. Tiene un par de calles principales (calle Ming-Qing, en alusión a las dinastías Ming y Qing) y una muralla y varios edificios y templos para visitar. Por las noches hacen un espectáculo de luces a las afueras de la muralla.

La verdad que si tenéis tiempo aconsejamos pasar una noche aquí para impregnaros en esta ciudad de cuento, los edificios es tal cual lo que nos imaginamos cuando pensamos en China.

Para entrar a todos los edificios históricos de Pingyao necesitas una entrada de 150 yuanes (18 euros aprox). Se compra allí en una oficina de turismo sin problema, no hace falta comprarlo con antelación. Nosotros no fuimos a todos los monumentos, pero de los que fuimos recomendamos el Templo de Confucio.

En nuestra opinión un día entero en la ciudad da de sobra para impregnarte de la misma y ver todos los edificios turísticos además de descansar. Nosotros llegamos sobre las 14h y nos fuimos al día siguiente a las 17h.

¿Dónde dormir?

Tienen su propio restaurante, por el que entras al hotelito. El restaurante está buenísimo, comimos ahí los dos días y lo recomendamos un montón. Además, las señoras que lo regentan son encantadoras.

Está en una de las calles principales pero un pelín más alejado de la zona de más concurrencia, cosa que se agradece.

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